Jugarte todo a una carta
a verdad,
al dolor que no se quita con ibuprofeno,
al amor que no se olvida con otros sueños.
Apostar fuerte y seguro
a un sí
y ganar perdiendo.
Creer que todo cabe en un gesto,
confiar en la ganas,
besar los miedos
y ponerles nombre
y abrazarlos cada noche
y cantarles nanas
y que no se vayan
y matarlos un día
y sentirte culpable por querer crecer.
Y salir vivo de la rutina.
Y volver a jugar, y a apostar, y a creer, y a confiar, y a besar,
y a crecer.
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